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Claves para evitar el síndrome del cuidador

Psicología

madre e hija
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Si crees que la responsabilidad de cuidar de alguien te hace sentir triste constantemente y con ansiedad, ¡atenta! Te damos algunos consejos para ayudarte a gestionar este problema.


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El síndrome del cuidador es un estado de ansiedad, tristeza y agotamiento producidos por el estrés continuado que acompaña a una persona que adopta el cuidado de otra. ¿Te resulta familiar? ¿Es tu caso?

Ya sabes que no es fácil adaptarse a los cambios que esta situación conlleva. Pero si no sabemos manejarlos satisfactoriamente, pueden provocar que nos sintamos desbordadas, “quemadas” y con síntomas de ansiedad y tristeza.

Habla de lo que te sucede: tus miedos, tus conflictos, tus necesidades. Y si lo necesitas, pide ayuda profesional

Conscientes de este problema, hace tiempo que en el ámbito sanitario se iniciaron programas para “cuidar al cuidador”. Extraemos de ellos algunas claves que pueden ayudarte a gestionar mejor estas emociones.

Sigue nuestros consejos:

  • Asume la situación: En primer lugar acepta que no es, ni va a ser, fácil. La situación nos va a ir requiriendo cada vez más tiempo e implicación. Si no mantenemos el equilibrio y no tenemos en cuenta nuestras propias necesidades, podemos acabar necesitando ayuda nosotras mismas.
  • No eres una superwoman ni tienes por qué serlo. Sé realista acerca de hasta dónde puedes llegar. Acepta que tu vida va a cambiar y no puedes llegar tú sola a todo.
  • No abandones tu tiempo de ocio en la medida de lo posible. Haz planes a corto plazo.
  • Separa un tiempo cada semana para ti y para tu familia de lo que le dedicas al cuidado de la persona que tienes a tu cargo.
  • Planifica: Siéntate cada cierto tiempo con el resto de cuidadores, si los hay, y establece un horario realista para afrontar las necesidades que vayan surgiendo.
  • Pide ayuda: No eres la mejor cuidadora, no caigas en pensar que nadie le va a cuidar como tú.
  • Trata de mantener la independencia de la persona a la que cuidas. No te excedas como cuidadora. Puede que en nuestro afán por ayudar estemos haciendo cosas por él o ella que aún puede seguir haciendo y que le viene bien mantener.
  • Nadie te pide que seas la cuidadora perfecta, sino lo suficientemente buena. No tienes que abandonarte a ti misma para cuidar bien a otro.

Habla de lo que te sucede: tus miedos, tus conflictos y tus necesidades. Si necesitas ayuda, te recomendamos que acudas a un profesional para saber enfrentarte mejor a esta situación y gestionar tus emociones de la mejor forma.

Fuente: Alicia Jiménez, psicóloga

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Foto: istock.com / MariaDubova

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