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El infarto femenino no es como el masculino

Menopausia


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Varios estudios demuestran que los síntomas del infarto femenino difieren del infarto masculino. Debemos saber identificarlos para poder actuar con tiempo.


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Una de las muchas funciones de los estrógenos es protegernos de posibles enfermedades cardiovasculares. Por eso, al llegar la menopausia existe más riesgo de sufrir un infarto. Como sus síntomas no se parecen a los de un infarto masculino, aquí te enseñamos a identificarlos para estar prevenida.

Los efectos de los estrógenos en el organismo son muy diversos. Sobre el corazón, más concretamente, actúan de tal forma que son capaces de reducir hasta en un 40 por ciento las posibilidades de sufrir un infarto de miocardio para mujeres menores de 60 años

Frente al viejo mito, habría que insistir en que los ataques cardíacos no discriminan y que las mujeres tienen la misma probabilidad de sufrirlos que los hombres. Pero con un matiz importante: las tasas de mortalidad son más grandes para ellas que para ellos. 

Los estudios demuestran que la diferencia la marca algo absolutamente fundamental: saber reconocer e identificar los síntomas de un ataque cardíaco, aprender a interpretar correctamente las señales que el organismo nos manda.

Mareo, respiración, fatiga, indigestión… Los síntomas más frecuentes

Las investigaciones han evidenciado que los síntomas de un ataque cardíaco pueden ser muy diferentes según sexos. Hay muchas señales que las mujeres tienen más probabilidades de tener y que sin embargo son menos esperadas.

SÍNTOMAS COMUNES EN HOMBRES:

  • Sudor
  • Dolor y presión en pecho, brazos, cuello, mandíbula
  • Dificultad para respirar
  • Acidez o indigestión

SÍNTOMAS COMUNES EN MUJERES:

  • Mareo
  • Dolor incómodo entre los omóplatos.
  • Dificultad para respirar
  • Indigestión o gases
  • Fatiga sin razón
  • Problemas para dormir

Aunque no es inusual ver cómo las mujeres que sufren un ataque cardíaco evidencian una importante presión en el pecho, la mayoría de las veces aparece una combinación de síntomas menos reconocidos, como los destacados anteriormente.

La cuestión es que son síntomas más o menos cotidianos y que no asociamos a algo grave. ¡Ese es el peligro! Quién no ha padecido en algún momento reflujo, fatiga o dificultad para dormir. Pero, ¿y si no hay ningún motivo para ello?

La clave: detectar los síntomas y actuar con rapidez

Por todo ello, los informes médicos advierten de que muchas veces, y en lugar de recibir atención médica, lo más probable es que las mujeres dejen pasar más tiempo del debido antes de ponerse en manos de un médico. Lo habitual es esperar a que esos síntomas “comunes” desaparezcan, pero las consecuencias pueden ser irreversibles en el daño al corazón hasta poner en peligro la propia vida.

Según la Fundación Española del Corazón, el intervalo de tiempo que transcurre desde que el paciente con infarto agudo de miocardio entra en un hospital hasta que se le abre la arteria que está ocluida mediante una angioplastia primaria resulta fundamental para la supervivencia del paciente y no debería superar los 90 minutos.

Por eso, es fundamental saber detectar y reconocer claramente los signos de un ataque cardíaco. Tanto los familiares como los que no lo son tanto. Es cierto que a veces no es tan sencillo, pues los síntomas de un infarto a veces se asocian con otros problemas de salud. Pero merece la pena cuestionarse todo. Y ante la duda, mejor actuar.

Huir del autodiagnóstico y prevenir

Lo más importante: hay que huir del autodiagnóstico. Ante cualquier temor o incertidumbre, lo primero es llamar al teléfono de urgencias o dirigirse rápidamente a una sala de atención médica para ponerse en manos expertas. Cada minuto cuenta cuando se trata de evaluar la posibilidad de un infarto. Mientras tanto, nada mejor que llevar una vida de prevención. Es cierto que existen factores –edad, sexo, antecedentes familiares – que no se pueden cambiar por mucho que queramos. Pero tenemos otras muchas variantes que sí dependen de nuestras rutinas: no fumar, controlar la presión sanguínea, huir del sedentarismo, comer saludable, vigilar el estrés… Más que nunca, prevenir es curar.

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