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Bienvenida a la era slow de la belleza en la que amarás tus líneas de expresión

Belleza


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Con el año nuevo, empieza a mirarte con nuevos ojos. Deja de verte a través de la opinión de los demás y usa tu propio criterio como espejo. Porque conviene buscar una manera más saludable, amable y realista de relacionarte con tu propia imagen y la ciencia, spoiler, está de nuestro lado.


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Cualquier miembro femenino de las generaciones Boomer y X —incluso algunas millenials— no se sorprenderán al leer que, durante décadas, el espejo ha sido un lugar incómodo para muchas mujeres. Contaminadas por ideales inalcanzables, crueles comparaciones y críticas feroces, nos hemos sentido confundidas, sin saber qué sentíamos realmente. Hoy surge con fuerza una nueva forma de mirarnos que pone en el centro el bienestar y, por tanto, una manera más consciente, amable y realista de calificar nuestra apariencia física. Lo hemos llamado belleza slow y su objetivo no es necesariamente vernos más jóvenes, sino sentirnos mejor. Para ello, hay que cambiar el chip.

El problema de la mirada ajena

La innegable presión estética con la que vivimos las mujeres viene impuesta por ojos ajenos: los de la publicidad, las redes sociales, el edadismo estructural. Esa mirada externa nos ha hecho sentirnos mayores antes de tiempo y, por una asociación incorrecta, menos guapas.

Esto lo decimos porque los datos lo confirman. Según el I Barómetro de Edadismo Hablando en Plata, elaborado por Antena 3 y laSexta el pasado mes de julio, la sociedad considera mayores a las personas doce años antes de lo que ellas mismas lo perciban. Y el impacto es aún mayor en las mujeres: hay más edadismo que en los hombres en todos los ámbitos y un 76% reconoce sentir presión social para eliminar los signos del envejecimiento.

Usa tu propio espejo

Dicho todo esto, en redes sociales se detecta una nueva tendencia: las mujeres comienzan a decir basta. Para empezar, quitándose los filtros y tratando de mutar la conversación. De borrar, disimular o corregir, pasan a disfrutar, agradecer y aceptar. Esta pequeña revolución silenciosa se basa mucho en el nuevo concepto de belleza que pone en el centro la salud física y mental y propone una idea poderosa: nosotras somos nuestro propio espejo. No necesitamos que nos vean jóvenes para sentirnos jóvenes.

Esta base para una nueva autoestima femenina nos lleva a una mayor felicidad y seguridad y, por el camino, nos anima a amar nuestras arrugas de expresión. Porque son parte de la belleza natural y esto no es un tópico. Cuando se aprende a amar las arrugas, se disfrutan nuevos conceptos como aceptar la textura real de la piel, su historia, sus cambios. Las arrugas dejan de ser un fracaso o un recordatorio de la vejez, para verse como el resultado lógico de estar viva, de haber reído, llorado, pensado y sentido.

La salud como nuevo eje de la belleza

Durante años, la industria cosmética y los médicos estéticos, vivieron en la obsesión de borrar cualquier rastro del paso del tiempo. Hoy, sin embargo, el gran anhelo es tener una piel de calidad, no parecer diez años más jóvenes sin más. La gran tendencia en belleza para 2026, de hecho, es la medicina integrativa, que recuerda —como decía la Señora Potts en La Bella y la Bestia— que la belleza está en el interior. Y no solo en un sentido metafórico de que ser buenos es prioridad, que también. Es que cuando estás mejor por dentro, se nota por fuera.

En las consultas ya se analizan factores como el sueño, la alimentación o el estado general de salud antes de proponer tratamientos correctivos. Esta visión devuelve cordura a un mundo saturado de promesas irreales y viene de perlas cuando sabes que el hecho de cuidarte a nivel físico y mental es la mejor inversión que puedes hacer para vivir los cien años que promete la ciencia de la longevidad, eso sí, con autonomía, fuerza y ganas. Esto es especialmente importante tenerlo en cuenta de cara a esa segunda vida que comienza cuando los estrógenos descienden.

En este punto, la arruga deja de ser un drama o, mejor dicho, podemos empezar a mirar las arrugas con otros ojos: Las arrugas son mapas de lo vivido y, entre ellas, podemos también distinguir con cuál aliar nuestra belleza y a cuál dar la espalda (al menos, tratar de prevenir). Los expertos en visagismo explican que las arrugas asociadas a la expresión de emociones positivas suelen ser horizontales: en la frente o alrededor de los ojos. Son las arrugas de la risa, del asombro, de la curiosidad ante la vida. En cambio, las arrugas verticales —en el ceño o alrededor de la boca— transmiten cansancio o enfado y su origen está relacionado con factores externos evitables, como el exceso de sol o una dieta deficiente.

Si estás más fuerte tendrás mejor piel

Literalmente. Y no porque el ejercicio físico y una buena dieta provoquen que te encuentres mejor y, por ello, te veas mejor. Es porque la producción de colágeno y elastina también mejora con cierta forma de nutrirse y con un tipo de ejercicio que, además, es el que más nos conviene a las mujeres. En un fabuloso plot twist que nadie vio venir, resulta que lo mismo que favorece a huesos y músculos en premenopausia es un seguro de belleza cutánea.

Lo explican dermatólogos como Ana Molina, que insiste en dos claves: por un lado, lo que llama una dieta “dermosaludable”, en la que reinan las grasas saludables —aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos, pescado azul— y las proteínas de calidad —pescado, huevos, legumbres—. Para la experta, “son esenciales para mantener la estructura de la piel, el colágeno y la elastina”. Añade Molina una segunda clave, relacionada con el movimiento. “El ejercicio de fuerza, cada vez más reivindicado sobre todo para las mujeres, también estimula la producción de colágeno y mejora la firmeza y la textura de la piel”, concluye.

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