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El cerebro… ese gran órgano sexual

Sexo


pareja madura en la cama
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De él depende qué es excitante y qué no, que nos atrae o nos produce rechazo. Saber reconocer las emociones que nos provoca y aprender a utilizar nuestra inteligencia sexual es fundamental para disfrutar plenamente de nuestras relaciones.


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¿Crees que tu sexualidad está exclusivamente en los genitales, la boca o los senos? Te equivocas. Tal vez, añadirías el cuello, las orejas o la espalda… pero el principal órgano sexual es nuestro cerebro, que además de regular la secreción hormonal también manda en nuestras emociones.

Cualquier parte de nuestra anatomía puede ser un ‘punto G’ con una estimulación adecuada. Pero para ello, nuestro cerebro debe interpretarla como excitante y placentera. Entonces pone en marcha una descarga de feniletilamina, un compuesto de la familia de la oxitocina que desata la pasión. Esta descarga es la responsable de la excitación y de que se produzca la dopamina, que es el neurotransmisor relacionado con el placer y la recompensa.

El placer gestiona la dopamina, que es capaz de hacernos olvidar nuestros problemas y dolores cuando estamos en pleno momento erótico. Por eso unas buenas y apasionadas relaciones eróticas pueden desatar la necesidad de recibir esa recompensa y convertir el sexo en adictivo.

Inteligencia sexual

La mayoría de las mujeres no alcanza el orgasmo sólo con la penetración. Dejarse llevar es la mejor forma de sentir placer. Si intentas controlar la respuesta sexual, puedes acabar forzando la situación y no llegar al orgasmo o tener una mala experiencia. Debemos ser capaces de reconocer, en nosotros mismos y en nuestros compañeros sexuales, las emociones que provoca la estimulación de ciertas zonas erógenas. Y con este conocimiento adquirir, desarrollar y dominar habilidades con el tiempo encaminadas a enriquecer con ellas nuestra experiencia sexual.

Para disfrutar plenamente de nuestro cuerpo y nuestras relaciones hay que aprender a ser sexualmente inteligente. ¿Quieres saber cómo? Toma nota de estos consejos.

    • Aceptar nuestra sexualidad como algo natural y mejorable: Una buena base de educación sexual, libre de mitos y tabúes sexuales es fundamental para entendernos con naturalidad y descubrir cuál es la intervención real de nuestro cerebro en el proceso sexual.
    • Conocer nuestras partes más sensuales y eróticas: Saber qué nos atrae y qué nos gusta es tan importante como identificar qué nos da pudor, repugnancia, molesta o daña y en consecuencia potenciarlo o eliminarlo de nuestro repertorio de conductas sexuales para que nuestra experiencia siempre sea agradable.
    • Evitar comportamientos eróticos porque los demás los hacen: Puede generar expectativas falsas que, si no van contigo, van a hacer que el sexo deje de ser una experiencia gozosa y libre.

Fuente: Natalia Domínguez, sexóloga

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