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Sara, que esas abdominales no son

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  Imaginemos una mujer haciendo abdominales. Está tumbada boca arriba, con las piernas flexionadas, las plantas de los pies en el suelo, y las manos en la nuca. Concentra sus fuerzas


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Imaginemos una mujer haciendo abdominales. Está tumbada boca arriba, con las piernas flexionadas, las plantas de los pies en el suelo, y las manos en la nuca. Concentra sus fuerzas en levantar la cabeza y el torso hacia el ombligo. Después baja la cabeza y se relaja unos segundos. Vuelve a repetir una y otra vez. Ya no le queda nada para preparar la “operación bikini” y se está entrenando a fondo. Es mi amiga Sara.

No es que Sara quiera marcar tableta de chocolate, que no, más que nada porque sabe que no va a llegar ni de cogna. Pero ha llegado el calor y le encantaría reducir esas lorzas que quedan tan feas cuando la goma de la braga o del tanga se clavan y ya no hay vaquero, desterrado del armario por prendas más ligeras, que las disimule.

Mi amiga, para situarnos, es propensa a la lorza, con lo que se castiga intermitentemente a abdominales en periodos puntuales (especialmente de cara al bikini). Incluso creo recordar que hemos coincidido haciéndolas juntas  en un gimnasio muy mono sólo para chicas. Sara ha tenido dos niños y en el último tuvieron que hacerle un costurón porque no había forma de sacar a su pequeño Sam y usaron ventosa (Samuel sigue siendo un niño bastante cabezón, tres años después).

El otro día, le pregunté como quien no quiere la cosa, en esa encuesta de suelo pélvico que estoy haciendo entre mis 30 mejores amigas y aledaños, si ella había tenido algún problema. Me confesó que sí, que de vez en cuando, se le escapan unas gotas. Ella le quitó importancia. Yo le hice un cuestionario de diez preguntas y constaté que la abdominal sigue siendo su deporte preferido para bajar la lorza (y correr detrás de los niños en el parque y bailar al ritmo de la aspiradora, que no entiende porqué no funcionan). “¿Y contraes el suelo pélvico cuando las haces?” “¿Perdón?”

Le di una charla-bronca rápida sobre la maldad intrínseca de ciertas abdominales de gimnasio contra el suelo pélvico. ¿Cuántas Saras habrá por ahí haciendo abdominales contra ellas mismas?, me pregunté mientras iba soltando información aleccionadora. Sara se quedó un ratito pensando sin decir nada y luego me preguntó… “¿Y tú? ¿desde cuándo haces tú abdominales contrayendo el suelo pélvico?” “Pues poco, la verdad”, contesté. “Pero eso no importa, lo importante es que he decidido que tú tampoco sigas haciéndolas.” Le he pasado el link de Centrada en ti para que se ponga las pilas y no descarte que alguien, más profesional que su chico, le revise el estado de su suelo pélvico.

Como es muy sentida y comprometida con el mundo, y con el femenino en particular, Sara ha decidido que el próximo día en el gimnasio, la charla la va a dar ella.

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