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Mi propio suelo (segunda parte)

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                    Queridas amigas “dospuntocero”: en el anterior post nos habíamos quedado en la visita a Gema, que no me dio por


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Queridas amigas “dospuntocero”: en el anterior post nos habíamos quedado en la visita a Gema, que no me dio por perdida, sino todo lo contrario. Me dijo que tenía un buen tono perineal y pedí cita con Carolina Walker, que es la responsable del Servicio de Rehabilitación de Suelo Pélvico del Hospital Universitario Quirón de Madrid. El Servicio está recién inaugurado, y todo es muy nuevo. De repente tuve una regresión y volví al Pleistoceno cuando inauguré la extinta EGB… ¡qué tiempos!

Conozco a Carolina y en lo primero que pienso es en lo delgadísimas que son todas las especialistas de este centro. Nota mental: debo hacer algo urgente con mi peso… como deshacerme de él.

Una vez leído el informe de la ginecóloga, te tumban en una camilla y pasan a analizar el estado de tu suelo pélvico con todo lujo de detalles. Veréis, te ponen una sonda vaginal que cuando ejerces presión indica en una pantalla la fuerza exacta que tienes, el tiempo que eres capaz de aguantar y si utilizas o no los abdominales. Esto último no lo dice la sonda, claro, sino unos electrodos que te colocan en abdominales superiores e inferiores. Esto sí que no me lo habían dicho nunca. Cuando hacía los ejercicios de suelo pélvico, no prestaba atención a los abdominales, así que cuando Carolina me decía “contrae sólo suelo pélvico”, tenía que poner los cinco sentidos para no hacer fuerza en ningún otro sitio, ¡como para mirar la pantalla y mantener la curva! Con la coordinación que yo tengo, tenía que taparme los ojos y concentrarme como si estuviera desarrollando una obra complicadísima de ingeniería.

Bien, al grano, diagnóstico: tengo fuerza, quizá demasiada, pero debo aprender a controlar mi cuerpo. Así que me recomienda que haga en casa tres series diarias de 10 contracciones cada una intentando separar suelo pélvico de abdominales, y que vuelva con su ayudante unos días después para ver si soy capaz de manejar por separado las distintas partes de mi cuerpo.

Vuelvo a ver a Verónica, esta vez en la planta de Urología. Les han puesto una pequeña consulta, que aún no está atrezada del todo, pero tiene lo fundamental: la camilla, el ordenador y mi amiga la sonda. Tengo una sesión de media hora monitorizada por completo (sonda y 5 electrodos). Verónica es una excelente entrenadora, porque lo explica todo muy clarito y te anima durante el ejercicio, incluso cuando no lo haces bien del todo. Me dice que se nota que he practicado, porque ya casi no uso los abdominales, y que me tiene que volver a ver Carolina para prescribirme la rehabilitación que necesitaré.Cuando me las prometía tan felices, me lanza un nuevo reto: no hay que utilizar los abdominales superiores, pero debes localizar el plano profundo del abdomen bajo y contraerlo después del suelo… ¡Madre mía! ¡No sé si voy a poder acordarme de todo a la vez! Al final de la sesión me asegura que casi lo he conseguido y que siga practicando en casa. Así que pasaré a un grupo para hacer todo tipo  de ejercicios. Ahora mismo los hago tumbada y absolutamente concentrada, pero el fin último es automatizar este control y poder hacerlo en la vida diaria, algo de lo que ahora mismo soy incapaz, porque, como dice un amigo mío, “yo, lo que soy, es guapa”.

Carolina, Verónica, sois maravillosas y os prometo intentar ser una alumna ejemplar. Y ahora os dejo, chicas CET que tengo pendiente la tanda de la noche.

 

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