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química del amor maternal

El cerebro de la mujer está programado para segregar una serie de sustancias que hacen que el vínculo que se establece entre la madre y el futuro niño comience durante el embarazo y se desarrolle en la maternidad.

Unas hormonas poderosas que son capaces de hacer que una madre reconozca el llanto de su bebé entre un centenar o que levante un autobús si hiciera falta. Es la química del amor:

  • Oxitocina: También conocida como la ‘hormona del Amor’. Durante los nueve meses de gestación, las neuronas maternas productoras de oxitocina se dedican a fabricar y acumular suficientes reservas para afrontar con garantías el momento del parto. Esta hormona, relacionada con la confianza, inhibe los procesos hormonales que desencadena el estrés. Tras el parto se dan los mayores picos de secreción de esta oxitocina, que favorece la aparición de conductas maternales de apego y atención hacia el hijo. Estas conductas continúan favoreciéndose durante la lactancia materna, gracias a la estimulación del pezón por parte del niño, que libera a su vez más cantidad de esta hormona.
  • Corticotropina (HLC): En este caso es la reducción de esta hormona en el organismo la que “conecta” madre e hijo. Según publicaba recientemente la revista norteamericana especializada Behavioral Neuroscience, a diferencia de lo que ocurre con la oxitocina, las madres con menores niveles de la hormona HLC tienden a proteger más a sus crías. Por contra, los investigadores han llegado a sugerir la relación entre depresiones posparto y niveles altos de esta hormona.
  • Endorfinas: Está demostrado que, más allá del nacimiento, la persistencia del amor incondicional de las madres hacia sus hijos sigue teniendo base cerebral, ya que se activan regiones del cerebro ligadas a la euforia y la recompensa, al tiempo que se inhiben la capacidad crítica y las emociones negativas que se podrían producir.

La experiencia de la maternidad, comienza por tanto a nivel cerebral y se debe al proceso biológico natural del embarazo. Esta experiencia va creciendo y evolucionando conforme madre e hijo se conocen mutuamente y estrechan vínculos.

Fuente: Natalia Domínguez, psicóloga-sexóloga

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